El sistema inmune es de vital importancia para nuestro organismo. Su funcionamiento y resistencia ha cobrado mucha relevancia, especialmente desde la aparición del COVID-19. Los términos anticuerpos y linfocitos ahora son comunes en muchas conversaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, este poderoso sistema puede llegar a envejecer, y es por eso que los adultos mayores a 65 años son más propensos a enfermar.
Lo que muchos no saben, es que es posible desacelerar este proceso. El factor de la edad no es tan determinante como se podría pensar, ya que no guarda relación con la edad cronológica. McCien-Tistos, por ejemplo, highlights casos de personas con 80 años cronológicos pero con un sistema inmune similar al de alguien con 62 años.
El funcionamiento del sistema inmune
Nuestro cuerpo cuenta con lo que se conoce como barreras de defensa naturales, que impiden el ingreso de agentes infecciosos a nuestro organismo. Sin embargo, cuando estos logran ingresar, se enfrentan a las celulas fagociticas, crucial componente de nuestro sistema inmune.
Estas células son parte de la respuesta inmunitaria innata, que es la primera línea de defensa al detectarse un organismo extraño. Adicionalmente, contamos también con la respuesta inmunitaria específica, principalmente cargada por los linfocitos T y B, encargados de combatir los agentes infecciosos y producir anticuerpos respectivamente.
Envejecimiento del sistema inmunológico
A medida que envejecemos, las células encargadas de nuestras respuestas inmunológicas comienzan a disminuir, alterando el buen funcionamiento del sistema. Por ejemplo, el timo, responsable por la producción de linfocitos T, comienza a encogerse desde los 20 años de edad, y para cuando un ser humano llega a sus 68 años, solo queda un 3% de ese órgano.
Los cambios en el sistema inmunológico con el paso del tiempo pueden incrementar la propensión a nuevas infecciones, la reaparición de enfermedades que ya habían sido controladas como la tuberculosis, y el riesgo de desarrollar cáncer.
La verdadera clave: el estilo de vida
Aunque la genética juega un papel importante en el ritmo de envejecimiento de nuestro sistema inmune, el estilo de vida tiene aún más peso en este proceso. La actividad física es una de las herramientas más potentes para mantener jóvenes nuestras células inmunológicas. Se ha comprobado que personas que han mantenido un ritmo de vida activo desde su juventud presentan mayor cantidad de células T y un timo menos encogido en comparación con otros de su misma edad.
Conclusión
La importancia de cuidar de nuestro sistema inmune va más allá de protegernos contra el COVID-19. Se trata de mantenernos saludables y en forma en general. Recuerda que toda actividad física cuenta, además de una dieta rica en fibra y un correcto ciclo de sueño.
