Si te gustan los alimentos frescos que aportan un toque crujiente a las ensaladas, la jícama puede sorprenderte. Su pulpa blanca, jugosa y ligeramente dulce se puede comer cruda y combina muy bien con limón, otras verduras y condimentos suaves.
También conocida como nabo mexicano o patata mexicana, es la raíz comestible de una planta leguminosa originaria de México y Centroamérica. Aunque su aspecto recuerda al de una papa, su composición y sus usos en la cocina son diferentes.
Cómo es y qué variedades existen
La jícama tiene una cáscara de color marrón claro o amarillento y un interior blanco cremoso. Se distinguen variedades conocidas como jícama de agua, de raíz más redondeada y jugo transparente, y jícama de leche, de forma más alargada y jugo de apariencia lechosa.
Su gran atractivo es la textura: firme, muy crujiente y refrescante. Por eso resulta una alternativa interesante para variar las ensaladas y los bocados frescos durante los días cálidos de primavera.
Qué nutrientes aporta la jícama
La jícama contiene cerca de un 87 % de agua y aporta aproximadamente 38 a 40 calorías por cada 100 gramos. Esa misma cantidad ofrece alrededor de 20 miligramos de vitamina C y cerca de 5 gramos de fibra, aunque los valores pueden variar según la variedad y las condiciones de cultivo.
- Vitamina C: contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y participa en la formación de colágeno.
- Fibra: ayuda a mantener la regularidad intestinal y puede favorecer la sensación de saciedad dentro de una alimentación equilibrada.
- Agua: contribuye a la ingesta diaria de líquidos, sin reemplazar el hábito de beber agua.
- Minerales: contiene potasio y pequeñas cantidades de calcio y hierro, aunque no destaca como fuente principal de estos últimos.
A pesar de su apodo, no es equivalente a la papa en términos nutricionales: aporta menos energía y carbohidratos. Puede formar parte de una alimentación orientada al control del peso, pero ningún alimento produce adelgazamiento por sí solo.
Tampoco conviene atribuirle efectos específicos para bajar el colesterol o los triglicéridos, tratar la presión arterial o mejorar la capacidad intelectual. Su principal valor está en sumar agua, fibra y nutrientes a una dieta variada.
Cómo prepararla y comerla de forma segura
La raíz de jícama puede consumirse cruda. Antes de cortarla, lávala bien y retira por completo la cáscara. La parte que se utiliza en la cocina es la pulpa: las semillas, las vainas y las demás partes de la planta no deben comerse, ya que contienen sustancias tóxicas.
- En bastones: con unas gotas de limón y, si te gusta, un toque de ají.
- En ensaladas: cortada en tiras finas junto con zanahoria, pepino o cítricos.
- En salteados: añadida hacia el final de la cocción para conservar parte de su textura crujiente.
- Como acompañamiento: en láminas delgadas para aportar frescura a platos salados.
Si no acostumbras a consumir mucha fibra, empieza con porciones pequeñas: un aumento brusco puede causar gases o molestias digestivas.
Cómo elegirla y conservarla
Busca piezas firmes, sin zonas blandas, moho ni grietas profundas. Entera y sin pelar puede conservarse durante varias semanas en condiciones adecuadas, en un lugar fresco, seco y ventilado; la duración dependerá de su frescura y de la temperatura.
Una vez cortada, guárdala en un recipiente cerrado en el refrigerador y consúmela en pocos días. Si presenta olor extraño, textura viscosa o signos de deterioro, deséchala.
