“Para conocer a un hombre, dale poder”, dijo una vez Confucio. Abraham Lincoln corroboró este pensamiento años después bajo la premisa de que nada pone a prueba el carácter de un hombre como el poder. Pero, ¿cómo afecta en realidad el poder a una persona? ¿Podría cambiar nuestra esencia, y de ser así, sería este cambio para mejor o para peor?
El poder ha sido históricamente un motor de cambio en la conducta humana. En ocasiones, personas que han alcanzado cierto grado de influencia revelan un drástico cambio en sus acciones, pensamientos e interacciones con el resto. Personajes históricos como Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Hitler o Napoleón son ejemplos claros de cómo la experiencia de tener poder puede afectar incluso a los más grandes líderes. Pero, ¿por qué el poder provoca este cambio en las personas?
El poder: ¿Medio para la corrupción o potenciador de virtudes?
Comúnmente se dice que "el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente". Este aforismo popular de Lord Acton refleja la creencia generalizada de que el poder, especialmente cuando no encuentra limitaciones, puede desviar a las personas de sus valores y principios.
Pero la verdad es más compleja. Si bien es cierto que el poder puede degenerar en corrupción, también puede magnificar las cualidades positivas de aquellos que saben cómo manejarlo de manera adecuada.
La cara oscura del poder
El experimento de la prisión de Stanford proporciona una demostración impactante de cómo el poder puede afectar negativamente a las personas. En este estudio, los estudiantes universitarios fueron asignados a roles de guardias o prisioneros en un entorno simulado. Aquellos que cumplían el papel de guardias empezaron a abusar psicológica y físicamente de los "prisioneros" debido al poder que se les había concedido. Este experimento demostró cómo el poder puede deshumanizar a las personas y hacer que actúen en contra de sus valores morales.
El poder como catalizador de virtudes
Sin embargo, no debemos olvidar los casos en los que el poder ha amplificado las virtudes de los líderes. Un ejemplo increíble es Nelson Mandela, que después de muchos años en prisión llegó a la presidencia de Sudáfrica. En lugar de buscar venganza, Mandela persiguió la reconciliación, la paz y la igualdad humana.
El psicólogo Dacher Keltner argumenta en su libro The Power Paradox que el poder no necesariamente transforma a las personas de una manera negativa. Más bien, amplifica cualidades preexistentes, tanto buenas como malas.
Diferentes formas de poder
Los psicólogos John French y Bertram Raven identificaron cinco bases de poder social: coerción, recompensa, legitimidad, experto y referencia. Además, identificaron una sexta fuente de poder, la información. La posición que uno ocupa en una organización no siempre determina la cantidad de poder que puede tener. La capacidad de influir en otros a veces puede trascender nuestra posición en la jerarquía.
Equilibrio y responsabilidad
El poder tiene potencial tanto para dañar como para beneficiar. Las sociedades demandan que el poder se ejerza con responsabilidad y humildad, asegurando un trato justo e igualitario para todos. El desafío consiste en equilibrar la influencia del poder y promover una cultura de responsabilidad.
El verdadero poder
Séneca afirmó que "El hombre más poderoso es el que tiene control sobre sí mismo". Este poder auténtico se encuentra en la capacidad de mantener la calma, actuar con virtud y ser coherente con nuestros principios, sin ser influenciado por factores externos o impulsos inmediatos. Es el autodominio el que realmente nos hace poderosos. Antes de tratar de influir en el mundo exterior, es esencial gobernar nuestras propias emociones y acciones. Solo entonces seremos capaces de ejercer un liderazgo justo y equilibrado sin desviarnos de nuestros principios.
