Estar rodeado de agua y no poder beberla parece una contradicción. Sin embargo, en medio del océano, esa diferencia puede ser vital: el agua de mar no sustituye al agua potable y puede agravar la deshidratación. Entonces, ¿cómo hacen los animales marinos para vivir en un ambiente tan salado?
La respuesta no es la misma para todos. Peces, tortugas y mamíferos marinos cuentan con distintas adaptaciones para mantener el equilibrio entre el agua y las sales de su cuerpo. Algunas permiten expulsar el exceso de sal; otras reducen la necesidad de beber.
Por qué necesitamos reponer agua
El agua es el medio en el que ocurren gran parte de las reacciones que mantienen nuestro organismo en funcionamiento. También permite transportar nutrientes, eliminar desechos y regular la temperatura corporal.
Aunque la piel actúa como una barrera que limita las pérdidas, seguimos eliminando agua mediante la orina, las heces, el sudor y la respiración. Por eso necesitamos recuperarla con bebidas y alimentos.
Cuando falta agua, aumenta la concentración de sustancias disueltas en los líquidos corporales y puede disminuir el volumen de sangre circulante. El organismo detecta esos cambios, activa la sed y pone en marcha mecanismos para conservar agua, como reducir su eliminación por la orina.
Qué ocurre si bebemos agua de mar
El problema está en su elevada concentración de sales. Un litro de agua de mar contiene, en promedio, unos 35 gramos de sales disueltas, principalmente cloruro de sodio. La cantidad varía según la zona del océano.
Al beberla, incorporamos tanto agua como sales. Los riñones deben eliminar el exceso, pero su capacidad para concentrar la orina tiene un límite. Para deshacerse de esa carga salina, el cuerpo puede necesitar gastar más agua de la que recibió.
El resultado es justo lo contrario de lo que buscamos: más deshidratación. Además, puede aumentar peligrosamente el sodio en la sangre, lo que afecta el funcionamiento de las células y, en casos graves, del sistema nervioso. Las sales de magnesio presentes en el agua marina también pueden provocar molestias digestivas y diarrea, sumando otra vía de pérdida de líquidos.
Por eso, el agua de mar sin desalinizar no es una alternativa segura para hidratarse. Hervirla tampoco elimina la sal: para obtener agua apta para beber hace falta un proceso adecuado de desalinización, como la destilación con recogida del vapor condensado.
Los peces también pueden perder agua en el océano
Vivir sumergido no significa tener resuelta la hidratación. En muchos peces óseos marinos, los líquidos corporales contienen menos sales que el agua que los rodea. Esa diferencia favorece la pérdida de agua por ósmosis, especialmente a través de las branquias.
Para compensarla, estos peces beben agua de mar y absorben parte de ella en el intestino. Después expulsan el exceso de sodio y cloruro mediante células especializadas de las branquias. También producen orina, generalmente en poca cantidad, y sus riñones ayudan a eliminar otras sales.
Los tiburones y las rayas emplean una estrategia diferente: retienen sustancias como la urea, que contribuyen a equilibrar sus líquidos con el medio marino. Además, cuentan con una glándula rectal que vierte una secreción rica en sales hacia el tramo final del aparato digestivo.
Tortugas y aves: glándulas para expulsar la sal
Otros vertebrados marinos tienen glándulas especializadas que eliminan soluciones muy concentradas de sal. Su ubicación cambia según el grupo:
- Aves marinas: poseen glándulas asociadas a la región nasal y expulsan la secreción por las narinas.
- Tortugas marinas: eliminan sal mediante glándulas situadas cerca de los ojos, lo que puede dar la impresión de que están llorando.
- Serpientes marinas: cuentan con glándulas de sal debajo de la lengua.
- Algunos cocodrilos: tienen glándulas salinas en la lengua, aunque su eficacia varía entre especies.
Estas adaptaciones les permiten manejar una carga de sal que sería problemática para una persona.
El recurso de ballenas y delfines está en su alimento
Los mamíferos marinos no poseen esas glándulas salinas. Ballenas, delfines y focas dependen de sus riñones para eliminar sales, pero su estrategia no consiste simplemente en beber agua del océano y filtrarla.
Muchas especies obtienen la mayor parte del agua que necesitan de sus presas y de su propio metabolismo. Los peces, calamares y otros animales que comen contienen agua en sus tejidos y fluidos. Al alimentarse, incorporan también esa reserva.
A esto se suma el agua metabólica: la que se forma cuando las células utilizan grasas, carbohidratos y proteínas para obtener energía. Durante la respiración celular, el oxígeno participa en reacciones cuyo resultado incluye la formación de agua.
Este proceso también ocurre en los seres humanos. La diferencia es su importancia dentro del balance hídrico de cada especie. En los mamíferos marinos, puede ser una ayuda valiosa para cubrir sus necesidades sin depender de beber agua salada. La contribución del alimento, del metabolismo y de la bebida varía según la especie, la dieta y las condiciones ambientales.
Un mismo desafío, distintas soluciones
El océano ofrece agua en abundancia, pero aprovecharla exige controlar la sal. Los peces recurren a branquias y riñones especializados; las tortugas y las aves, a glándulas salinas; y muchos mamíferos marinos obtienen buena parte de su agua a través de lo que comen y de las reacciones de su organismo.
Para nosotros, la conclusión es sencilla: por mucha sed que tengamos, beber agua de mar no resuelve el problema. La hidratación segura requiere agua apta para consumo humano.
